Toca cambio de teléfono y viene con su consecuente ansiedad. Nunca se pasa toda, toda la información y termino buscando las notas escondidas en las que guardé las contraseñas. Y, como están escondidas, rara vez las encuentro. «Ponga su contraseña» «Ésa no es su contraseña», «Saque una nueva contraseña», «Esa contraseña es igual a su contraseña anterior»… Y así.
Los cambios que no se sienten como imperativos, son difíciles de hacer. Pero es mejor comenzar a hacer cosas pequeñas para avanzar que saltar el precipicio que se abre ante una serie de decisiones pequeñas no tomadas. El problema es que, si no duele, uno no se cura. Tenemos muy mala costumbre de sólo hacernos reparaciones, no mantenimientos. Pero todo necesita revisión constante. Todo. Y si lo hacemos con los carros, ¿por qué no hacerlo con el resto de cosas que somos y tenemos?
Ya estoy haciendo todos los pasos engorrosos del cambio de aparato. Pero no voy a dar el viejo aún. Tengo que revisar demasiadas cosas antes de dejarlo ir.
