Un olor a fuego

Me gustó tanto

el olor que deja el humo

cuando desplaza al aire

que, después de las naves,

los campos, los puentes,

el castillo de naipes,

los planes del futuro,

las cartas enviadas y guardadas,

las canciones y las listas,

las fotos, hasta los teléfonos,

no quedó más nada qué quemar

sólo yo,

tal vez si pongo el corazón al fuego

no te quede ni un sólo lugar

donde puedas regresar.

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