Le debemos a la persecución de lo imposible, el logro de muchas cosas útiles. Buscar la piedra filosofal, el frasco que contenga lo incontenible, la transmutación de las sustancias, se descubrieron propiedades químicas casi más mágicas que lo que se pretendía. Hasta la destilación viene de la alquimia y, quién no se ha sentido inmortal después de tomar demasiado alcohol que haya pasado por ese proceso.
Tal vez no sea tan inútil querer lo fantástico. Nadie dedica su vida a lo meramente satisfactorio. O, mejor aún, la vida ordinaria contemplada como maravillosa nos eleva del aburrimiento de lo cotidiano y nos revela la magia detrás de lo familiar: no importa cuánto conozca uno lo que le rodea, siempre hay algo nuevo qué observar.
Como humanos, tenemos la capacidad de transformar el material más humilde en algo precioso. Aunque sólo sea para nosotros.
