No es ansiedad

El cuerpo le tira al cerebro claves de cómo se siente que luego el cerebro interpreta, bien o mal. Un dolor de cabeza puede ser confundido con estrés. La acidez se disfraza de ansiedad. Y el dolor de pecho se equipara con la tristeza. Y al revés las cosas funcionan igual. Porque el aburrimiento se me presenta como hambre. El enojo como náusea. Y tantas correspondencias.

Todo tiene una relación, porque no somos entes con separaciones entre una función y la otra. Al contrario, si algo es seguro es que tenemos una interacción constante de lo interno, lo externo y lo interpretativo. Hay, eso sí, una diferencia mayúscula entre dejarse ir con el primer impulso y tomarse el pequeño tiempo que se necesita para identificar el origen del sentimiento.

Ahora mismo, estoy ansiosa. Porque tomé café diferente y comí pan de frutas y ayer tomé vino. No es ansiedad. Es acidez.

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