Mi mamá decía que yo caminaba como caballo. Hago ruido hasta descalza, la delicadeza no es mi fuerte. En este último mes, sin embargo, he tenido que aprender a moverme con cuidado para no lastimarme el pie. Es una sensación extraña avanzar con cautela, más hoy que fui al karate y no puedo dar ni un paso “suelto”.
La clave para seguir mejorando en lo que uno hace es, cada cierto tiempo, aproximarse al asunto desde una perspectiva distinta. Puede ser limpiando la mente de lo aprendido, explorando técnicas nuevas, buscando otros maestros. Vale la pena llenarse de conocimiento que no tenemos, porque ni siendo los expertos más grandes de una materia la tenemos agotada. También podemos considerar que hemos adquirido hábitos que nos impiden mejorar y es bueno quitárselos. Aunque para identificarlos haya que comenzar de cero.
Algo así me está pasando hasta para bajar las gradas. No las puedo agarrar como pista de carreras. Tampoco manejo rápido. Y hoy tuve que aguantarme de patear cosas. Todo sea por hacerlo mejor cuando ya pueda.
