Por muy poco

La niña hace manualidades, pero no es ordenada y eso se junta para cortadas y quemadas menores frecuentemente. Anoche no fue pequeña la cosa y terminó en la emergencia del hospital con varios puntos en su dedo. Un accidente que no debió suceder, si ella hubiera sido cuidadosa. Pero así pasan los accidentes: aunque pueden sucederle a cualquiera, es más fácil que se le atraviesen a quien anda distraído.

La herida fue profunda, pero sin daño permanente. No por mucho, pudo haber sido peor. Y quisiera filosofar y decir que fue una lección lo suficientemente dolorosa como para que aprenda y no le vuelva a pasar. Pero no tengo tanta fe en la naturaleza humana y estoy segura que tengo que seguir reforzando la lección. La tarea ingrata de uno como padre muchas veces es parecer grabación en loop. Hasta que se afianzan las costumbres y ya se van en automático. Al menos esa es mi esperanza, porque el “no hables con la boca llena” que llevo repitiendo cada comida, varias veces por comida, ya hasta a mí me está cansando.

Tengo el privilegio de cuidar a mis hijos. Y de dejarlos cometer errores, porque estoy allí para ayudarlos. Tal vez entre las repeticiones y los accidentes leves, nos ahorramos los graves. Es lo más que puedo pedir.

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