La línea base

He escuchado que cada persona tiene una línea base de emociones. No es ese el término, pero así es como yo la visualizo (y sí, así se usa ese verbo, que no es lo mismo que “ver”). Digamos que hay una tabla que mide el buen y mal humor y todos dibujamos un garabato constante entre esos dos picos. Pero no todos parten del mismo punto y su humor normal puede ser mejor o peor que el del vecino. Hay gente naturalmente taciturna.

Lo mismo pasa con las relaciones. Tienen su estado de reposo natural, porque no se puede estar siempre extasiados. Lo importante es que esa normalidad sea agradable y no tire hacia abajo. Cuando uno puede tomarse el café todas las mañanas con la misma persona y encontrarle lo bueno, casi siempre, se aprecia el valor de lo tranquilo. Claro que me gustan los momentos emocionantes, pero no cambio la felicidad diaria y calmada. Dura más y es más constante.

En general, mi línea base es alta. Casi siempre estoy de buen humor, aunque sí tengo picos fuertes. No es que sea enojada, es que me enojan. Pero he aprendido a apreciar a los que son más planos. Tienen un encanto particular cuando se les encuentra la profundidad.

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