Tener la mente de principiante es uno de los postulados principales de la meditación. Y, de verdad, de todo, porque es el pilar en blanco sobre el que se construye todo lo nuevo. Si mi hoja ya tiene dibujos, no puedo agregarle nada. Algo así como la mente de un niño, que tiene el hardware básico para programarla como se pueda sobre ella.
El principio de todo es vital. Cómo nos aproximamos a un tema determina, casi siempre, cómo lo absorbemos. Y cuando comenzamos a hacer algo, es más fácil tener en cuenta la importancia de dejar ideas preconcebidas atrás. Lo verdaderamente complicado es entrar con mente de principiantes a algo que ya creemos saber hacer. Es otra forma de describir la necesidad de conocer bien las reglas antes de poder romperlas.
Nuestra vida comienza en cero. Así deberíamos poder acercarnos todos los días a lo que hacemos, con una mirada dispuesta a ser sorprendida. Al final del día, el asombro es la base de la magia. Y sin magia, el mundo es muy aburrido.
