Aunque parece una cosa fácil de decir, todos vivimos una vida que alguien más puede considerar afortunada. Y podemos agradecer por lo que no nos pasa. La existencia en presente puede verse como un plato de pasta: sin salsa es insípida. Uno le pone lo que quiere para darle sabor.
No estoy diciendo que uno deba ser “positivo” siempre, porque hay momentos horribles que uno debe asumir como tales y no querer repetirlos. Pero no es necesario hacerlos peor.
Yo agradezco profundamente que mi hija no murió, que mi hijo no tiene una enfermedad, que yo no tengo un impedimento físico y que no vivo desamparada. Todas cosas que pueden suceder. Y no. Cambia mucho mi perspectiva ante el resto de cosas que no me gustan.
