Para curarse uno tiene que saber que está enfermo. O sea, ni modo que me voy a poner una pomada en el pie si me duele la cabeza. Lo primero es entender qué pasa. Y querer salir de allí. Llevo conviviendo con la depresión hace cinco años y lo peor es la imposibilidad de encontrar las ganas de ya no estar deprimido.
Lo más peligroso siempre es que uno no sabe todo lo que no sabe. Da miedo. Y uno se aferra a lo poquito de lo que tiene certeza, aunque sea malo.
Tal vez me toque aceptar muchas cosas, pero seguro no estoy cerrada a buscarlas. Quiero. Siempre quiero.
