Diferencias

Hay un elemento que distingue la necedad de la perseverancia: el éxito. Y la sabiduría está justamente en identificar si se puede obtener o no. Aunque a veces uno no lo sabe hasta que se topó contra una imposibilidad. Es extraño, porque también en cosas delicadas, como la incomodidad y el interés, la diferencia puede ser simplemente una cuestión de subjetividad: hay o no atracción.

Una parte de nuestro cerebro se ocupa en encontrar patrones, clasificarlos y diseñar rutas de comportamiento para que se mantengan más o menos inamovibles. Es el agente determinado que repite sus procesos porque le han servido otras veces. Abstrae la realidad y la vuelve una categoría. El otro lado del mismo órgano se preocupa de la realidad como es: cambiante todo el tiempo. Como tal, no tiene procesos, sólo observaciones. Es flexible y extrae la información del contexto, no reinterpreta lo que ve. Entre ambos hay comunicación que no siempre es exitosa para nuestra salud mental. Y encontramos que en esas sutiles diferencias se esconde la fuente de la felicidad.

Todo a nuestro alrededor cambia, siempre es diferente. No podemos contar con que lo que hicimos ayer sirva para lo de hoy. Pero tampoco podemos empezar de cero cada vez, sería imposible. Habrá que estar abierto a cambiar nuestros procesos antes exitosos para adaptarlos a las nuevas realidades que nos encontramos todos los días. O pasar simplemente por necios.

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