He aprendido a poner atención. Que tiene muchísimo qué ver con no hablar. En realidad, cuando entendí que yo ya sé lo que tengo que decir y que me falta la parte que me tienen qué contar, dejé que la demás gente hablara. Es divertido, como una cuestión de costumbre, o de estar en una obra de teatro. Uno no va a ver una película queriendo contar su historia, al contrario quiere ser sorprendido.
Algo así es con la demás gente. Siempre tienen una perspectiva distinta de la de uno, por cuestiones obvias: tienen una mente distinta. Y, siempre, pueden aportar una pieza que uno no tiene al rompecabezas.
Que no quiere decir que no me guste hablar. Claro que sí. Sólo que he aprendido a que puedo esperar. Y sólo contarle mi parte a las personas que realmente quieran escucharlas. En lo demás, prefiero fijarme. Darme cuenta de todo lo que me dicen y lo que no. A veces todo eso me sirve, sobre todo cuando quiero escribir algo que no sé de experiencia propia.
