Tenemos varias décadas de conocernos con la migraña. Hemos cambiado, nos hemos dejado de ver alguna buena temporada, pero siempre nos volvemos a encontrar. Invariablemente me dan ganas de desatornillarme la cabeza.
Los dolores son la peor clase de vecinos. No siempre están metidos en la casa de uno, pero entran sin invitación y sólo se van cuando se les da la gana.
Siempre he tratado de ignorar en dolor. No. No ignorarlo, sólo dejarlo allí sentado hasta que se aburra y se vaya. La vida sigue y yo no puedo esconderme entre mi cama. Aunque quisiera.
