La esquina de los gatos

Siempre me han gustado estos animales que no son de nadie. Le hacen a uno el favor de dejarse tocar y no dudan de pasar de casa en casa pidiendo comida si se los permiten. En casa de mis papás siempre convivieron en una relación tensa con los perros de cacería, algunas veces de forma exitosa y otras no tanto.

He tenido cuatro gatos que me han tratado como suya. La sensación es poderosa. No hay error: si eres el humano de un gato, te lo hace saber. Me han enseñado del respeto que se les debe a seres ostensiblemente más débiles. Del espacio personal que necesitan todos los entes conscientes. Y del querer algo con voluntad propia. Ellos se quieren a sí mismos. Eso también lo estoy aprendiendo.

Las tardes que me siento a leer, ambos me acompañan, porque saben que no los necesito, pero me gustan. Y porque nunca desaprovechan la oportunidad de sentarse sobre mi libro.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

*

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.