El capital emocional

Nunca he tenido muchas relaciones cercanas. Me gusta mi compañía y mi silencio. Y me gusta hablar. Mala combinación contradictoria. Eso me lleva a conservar amistades durante mucho tiempo, porque ya estoy feliz en ese lugar y no quiero ir a buscar otro.

Tenemos, estoy segura, una medida de capital emocional para invertir fuera de nosotros. Aunque se puede rellenar, si no lo cuidamos, se acaba. No es posible ponerle igual de atención a muchas relaciones y, yo al menos, siento que estar así de dispersa no me hace bien.

Por otro lado, enfocarnos en las relaciones cercanas requiere de más esfuerzo por lo mismo de prestar atención. Es extraño que sea más fácil mantener conversaciones superficiales con extraños en redes que hablar con la persona con la que uno vive. Debería ser lo contrario.

Lo bueno de aceptar que uno no es infinito, es que recobrar la solidez se siente como recuperarse a uno mismo. Mis límites, aunque expandibles, también me definen. Y eso me ayuda a conocer mi exterior.

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