Vivo con el “no” en la boca: no, no puedes quedarte despierta toda la noche, no, no puedes cenar papalinas, no, no puedes no estudiar. Hay muchos nos qué decir, porque me toca poner límites. Cansa un poco. Se van agotando las ganas como un pozo que no se rellena.
El otro peligro es que se me olvide cómo decir que sí y mate la alegría de hacer cosas fuera de lo de siempre. Sí, quédate más tiempo conmigo, sí, comamos algo rico, sí, seamos suaves. Tal vez lo que más me cuesta en este mundo es la suavidad y esa sólo se logra en el sí.
Espero aprender antes que se me agote el tiempo de bailar sin preocupaciones.
