Me dieron ganas de hacer amargos. Esas mezclas que suenan exóticas y se les agregan por gotas a los tragos. Tengo un par de semanas de estar macerando distintos ingredientes y hoy hice mis mezclas. Me había propuesto apuntar con cuidado cada mililitro de qué se iba dónde. Terminé apenas escribiendo con letra de asesino en serie lo básico en las etiquetas.
A veces, por querer que todo esté perfecto, nos ponemos tantos pasos qué llenar, que no damos ni uno. Porque, seamos sinceros, no siempre dan ganas de dejar salir al obsesivito que llevamos dentro. Sobre todo porque tiende a amargarnos la fiesta. Se vale no hacerlo todo perfecto, mientras salga bien y nos guste el resultado.
Así que ya están embotelladas mis mezclas y huelen bien. No creo poder replicarlas. Y tampoco estoy preocupada.
