No todo tiene explicaciones esotéricas. O tal vez sí, y no las hemos descubierto. Las enfermedades se pueden atar a las emociones. A mí siempre me ha dolido el estómago cuando estoy estresada, desde muy pequeña. Pero se me olvida muy seguido. Hasta ayer, que me dobló el dolor y tuve que tomar algo.
Qué difícil estar sano, porque hasta el momento en el que uno no cuenta las cosas se convierte en la oportunidad para tragarse las emociones. Y ésas duelen. Se anidan en lugares que luego se atoran. Como cualquier cañería tapada.
Este fin de semana, aparentemente, regresé a mi infancia. Todo me dolió. Pero igual tomé vino. Porque el chiste es celebrar lo bueno, no quedarme en lo complicado.
