¿Qué tan difícil puede ser?

Creo que la mayor parte de comida extraña que he hecho comienza con esa pregunta. Si muchas personas lo hacen, si lo pasan en un restaurante, ¿qué tan difícil puede ser? Hay ciertas cosas que llevan un aura de misterio, como una pócima de la felicidad que sólo se comparte de generación en generación.

Supongo que todo tiene una forma de hacerse y que, como tal, de todas maneras cambia según quién la haga. Nunca saben igual los frijoles de otra casa.

Para mí, la verdadera felicidad ha estado en encontrar lo mío. En soltar el sabor del recuerdo de las cosas que comía y hacer algo que sepa a lo que a mí verdaderamente me gusta. Lleva mucho tiempo llegar a eso, no porque no sepa rico el plato a la primera, sino que lo pongo a pelear una lucha desigual. Nunca, nada, sabe igual que lo que nos recordamos. Y ya. Dejemos esa añoranza en su lugar adecuado y hagamos algo nuestro.

Además, no hay nada tan difícil que no se pueda poner en una receta y replicarse.

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