Tengo una cabeza que parece cancha de tenis cuando uno está entrenando. Llena de pelotas rebotando por todas partes. Algunas las conecto y hacen buenos puntos. Otras se quedan en la línea, desinfladas. Siempre necesito ese movimiento de la idea, para verle todos los lados posibles. Y, cuando sé que no estoy captando la imagen completa, se las voleo a mis amigas.
Sinceramente, yo no tuve amigas hasta hace poco. Tal vez necesitaba yo ser mejor persona para que se acercaran las mujeres correctas. Lo cierto es que ahora están allí y son las perfectas compañeras de juego en quienes me apoyo muchas veces para entender temas complejos que yo, definitivamente, no tengo totalmente claros. Tienen mentes ágiles, comentarios certeros y una capacidad de empatía que aún debo aprender.
Agradezco todo lo que me acompañan, estas mujeres que me permiten llamarlas amigas. Las quiero cada día más y es un privilegio compartir vida con ellas.
