Tengo que cortarme el pelo, creo que llevo un año sin hacerlo. El dilema de querer dejarlo largo o quitármelo del todo siempre me ocupa espacio mental y quisiera no desperdiciarlo en cosas tan tontas. Recuerdo perfectamente que a mi edad, mi mamá tenía dos o tres peinados “aprobados para señoras” entre los cuales escoger y de allí no pasaba. No digamos al llegar a los 50’s. Todos tenemos a la tía con permanente y pelo azulado que dormía en tubos, los más afortunados, o que salía así al súper.
En todas las sociedades hay reglas no escritas de lo que se espera de sus miembros. Generalmente éstas rigen conductas llamadas “morales/privadas” que afectaron en algún momento a la tribu y que se arrastraron a la modernidad sin tener en cuenta su valor actual. Pero muchas otras se meten con la apariencia personal, como qué largo de falda es apropiado a qué edad o cuántos años puede una llevar el pelo largo. Para mi dicha (y pérdida de tiempo), ya no hay un manual con guías específicas y tengo la libertad de escoger muchas cosas, quedando a mi criterio si son adecuadas o no.
Supongo que las únicas dos tablas contra las que debo medir mi apariencia es, una, si yo estoy contenta y, dos, si yo estoy contenta. Si hay algo más que no quepa allí, puede ir a buscar su lugar en siglos pasados.
