Las mejores meditaciones son las que logro hacer en medio de mucho ruido. Me obligan a fijarme en lo que tengo en ese momento. En general, medito en el clóset, de madrugada, sin muchas distracciones externas. Y allí es cuando todo mi cerebro se pone de acuerdo para no callarse. Hasta canciones escucho.
El secreto de no tener gastritis nerviosa es ponerle atención a lo que hay. Hasta las peores circunstancias merecen tiempo, porque escondernos sólo las prolonga. Es como los ruidos de la calle o las nubes en el cielo. Simplemente existen y no tenemos forma de quitarlos.
Estoy tan dispersa que no puedo ver media hora de tele sin distraerme. Pero intento fijarme, porque es lo que tengo enfrente.
