Leí hace poco en un tuit que la vida es bella, no fácil y sentí que me habían revelado una de las verdades más verdaderas del mundo. Y es que sí, ni los partos son fáciles. Sin embargo, no todo tiene que ser innecesariamente complicado, pero nos lo hacemos así. Las cosas tienen un modo de hacerse y uno tiene la forma propia de hacerlas. Así, una receta lleva pasos que se siguen, los entrenos llevan rutinas, la vida avanza de cierta forma y salirse del orden siempre acarrea un esfuerzo extra, primero, para quitarse de la velocidad que ya lleva el impulso y segundo, para encontrar la otra dirección.
Todo tiene un modo, el trazo probado una y otra vez. Hasta que ese modo ya no sirve y hay que encontrar otro. Porque el camino ya tiene muchos baches, porque ya la misma forma se complicó de tanto usarla o, simplemente, porque ya nos aburrimos. Allí nos toca pesar qué nos importa más, si irnos rodando en bajada o tratar de acarrear la piedra.
