Hay cosas que me gustan grandes. Las tazas, por ejemplo. Así tomo todo el café de un solo y no voy por más. Cuando lo hago en tazas pequeñas, termino tomando tres o cuatro veces lo de siempre. Pura cuestión de percepción. Igual que comer “boquitas”. Nunca sacian, porque siempre cree uno que fueron pocas. O servirse en un plato pequeño la comida para que parezca mucha.
Hay demasiadas formas de engañarnos. Es divertido que uno mismo sea quien lo hace y se lo cree. ¿Será que podemos ocultarnos de manera efectiva las cosas? Lástima que creer que lo que uno come parado frente a la refri no engorda no sea suficiente para que no lo haga.
Y ese es el problema de los autoengaños. Siguen siendo mentiras y tarde o temprano debemos enfrentar la realidad. Tener esa conversación incómoda. Aceptar el error. Sentir esa emoción negativa. Querer ver una cosa distinta de lo que es, sólo enferma. Y tomar demasiado café también.
