No te había escrito y mis días no acaban sin hacerlo. Venir y ponerme en palabras puede ser lo menos trascendente de mi vida, pero lo más importante.
El domingo transcurrió como otros y ninguno es igual. La vida se nos escurre sin asirla porque no es para eso. El niño ya casi me pasa, la niña quiere maquillarse y yo me siento en el mismo lugar que hace veinte años, hasta con la misma ropa.
Escribo. Porque es mi máquina del tiempo. Porque es lo que me dijo mi mamá que hiciera. Porque puedo. Y ya.
