El agua que respiro se desprende de la lluvia
que no ha parado en siete días, el mar en el aire,
un sol dormido, tal vez se cansó de vernos.
No es el frío lo que me duele,
es la piel que no se seca.
Las orillas están mojadas, las de adentro y las de afuera,
todo es líquido, se agolpa detrás de los ojos.
Me quiero derretir y sólo logro disolverme
un mar revuelto en mi cuerpo.
Y el agua, que no se sabe estar quieta,
hace marea para tocar tu playa,
imagino la lluvia recogida entre tus manos
me bajo en gotas cayendo desde mis ojos.
Cuando todo esté seco, el agua en su lugar,
el aire con luz, las nubes escondidas,
seré un náufrago que busca otra ola.
