El sutil encanto de las cosas que no me gusta(ba)n

Estos día cocino todos los días, los tres tiempos. Involucra planificación, tiempo, creatividad y persuasión. Sobre todo porque tengo que convencer a cuatro paladares diferentes de probar lo que les sirvo. Entre tacos de coliflor y peruleros con menta, el menú en casa ha sido todo menos aburrido.

Las cosas que no me gustan son pocas y cada vez son menos. Logré preparar panza con frijoles y comerla con gusto. Lo siguiente debería ser revolcado, pero creo que eso sí lo voy a comprar hecho. Esa fascinación un tanto morbosa hacia la comida que nos desagrada tiene que radicar en nuestro sentido de supervivencia. Por algo encontramos los hongos comestibles y las almendras no venenosas. Porque tenemos que sobrevivir con lo que está a nuestro alcance.

No puedo disponer salir a comprar comida si algo no nos parece, así que todos le estamos haciendo ganas a las cosas que hay. Hasta a los peruleros.

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