La rutina me salva, me da fuerzas, me mantiene enfocada. Me hace repetir los ejercicios que parecen no servir para nada, pero que ayudan a estar listos cuando sea necesario. Como saltar cuerda; no va uno a ninguna parte y eso ayuda a llegar a donde uno quiera, cuando lo decida.
Por eso es que vengo aquí a escribir todos los días. Aunque no necesariamente tenga algo transcendental qué decir. Porque la inspiración no es una voz clara, si no apenas un eco que rebota en la cámara de la mente que debe estar preparada para atraparla. Y, como la condenada corre, hay que estar en forma.
No sólo eso, sólo sirve para empezar. Lo deja a uno con el dibujo apenas esbozado y tiene que rellenarlo con el puro esfuerzo. Para eso sirve haber hecho todo eso sin sentido, rutinario, repetitivo. Por eso, cuando salga de esto, regresaré a nadar para escuchar los ecos de las ideas que tienen que estarse gestando, mientras yo vengo todos los días a esperarlas.
