Todo lo que necesito

Todo lo que necesito cabe en una cama iluminada en la mañana de los domingos. Dos niños, dos gatos, un hombre, yo. Qué más le puedo pedir a la vida que ese apuñuscamiento de cuerpos cálidos y voces mezcladas.

Lo único que necesito es sentirlo. Sentirme querida. No importa qué tanto mire el amor a mi alrededor, si mi corazón no lo puede absorber, de nada me sirve. ¿Desde cuándo tengo ese órgano como piedra y no como esponja?

Me culpo a mí misma. Mi incapacidad para creer que alguien me pueda querer.

Así, por lo menos, reconozco que poco más necesito que el sol un domingo temprano dándome los colores del cabello de mis hijos.

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