Venimos escuchando canciones que conocemos en un carro sin muchas ganas de manejar. Pasamos calles conocidas por las que nunca hemos caminado, sólo visto. Hay una separación entre lo vivido y lo observado. Una vida de diferentes conocimientos.
Existimos en el límite entre conocernos y reconocernos. Todos tenemos la oportunidad de cambiar, salvo ante las personas con las que interactuamos todos los días. Allí el misterio está oculto en la cotidianidad. Quiero conocerte ahora, como eres, y saber si la persona de ahora tiene algo qué ver con la de hace veinte años. Si te ha pasado lo mismo que a mí, el espejo devuelve un reflejo completamente diferente que poco tiene que ver con las arrugas y las canas.
Las diferencias se han ido marcando en las caricias y en las fórmulas de saludo. Ojalá nos encontremos en el límite de nuestras vidas y aún podamos borrar las fronteras.
