Ayer bebí en El Olvido y si ese no es el mejor nombre para un bar, no sé cuál pueda serlo. Hay lugares que son portales y hasta el olor conjura a una complicidad especial. Sentimos lo mismo al entrar a la casa de nuestras abuelas, a iglesias viejas y el colegio a donde fuimos.
Vivir en el pasado es un acto de camuflaje. Por eso vemos personas peinadas de la misma forma que cuando tenían 20 años. Nosotros, los de afuera, reconocemos que eso ya no se usa, que sitúa al otro en una época que ya pasó y la envejece. El otro, el que se mira desde adentro, sólo reconoce que está igual que antes.
Me gusta visitar el pasado. Y salir de allí. Huele un poco feo, los pósters de la pared ya no tienen color y estoy muy grande para las sillas.
