Los domingos dejo de contar

Cuánto como, el momento en que me despierto, las repeticiones de ejercicios. El domingo es un día libre, que se me pasa rápido y lento y nunca termina pero no dura nada. Son días con rutinas que cambian con cada semana, con menús abiertos y horarios truncados.

Las rutinas nos ayudan a navegar por la vida incierta, a darle orden a cosas que no podemos controlar. La vida es una continuidad de hechos sucesivos que creemos que conocemos y que todavía nos sorprenden. Los hijos crecen, lo sabemos, aún así creemos que se pueden quedar del tamaño de nuestros brazos. Hasta que nos llegan a la nariz y calculamos que la próxima vez que los regañemos, los vamos a tener qué sentar.

Nuestros cuerpos nos traicionan en el espejo, cuando nos acostamos del lado y hay piel que sobra y el cabello se queda sin color. Así nos pasamos los días y los domingos que son días fuera del tiempo.

Hoy, que fue domingo, pasé con el viento en la cara, amigos a la mesa y los niños corriendo. Extrañando lo que no está, porque nunca está y disfrutando de lo que hay alrededor. Y comí. Eso sí es rutina en domingo.

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