Cómo medir el tiempo

Con la altura de mis hijos. Con la cantidad de veces que te pienso. Con lo que quisiera ver. Puedo medir el tiempo con palabras: las dichas, las leídas, las escritas, las guardadas. El paso de ese hilo que desenreda nuestra vida lo medimos con números rítmicos que se repiten avanzando sin descanso y que creemos dominar porque vemos girar en nuestras muñecas.

Mido el tiempo con lo que me tardo en dar diez vueltas en la piscina, el recorrido del carro de un lugar al otro, cuántas respiraciones puedo dar sin dejar de fijarme. Mucho tiempo pasa entre la ausencia y muy poco en la proximidad.

El tiempo se mide en todo menos en sí mismo, porque un minuto no significa nada si no le metemos algo con qué llenarlo. La canción favorita que termina muy rápido. El regaño que es eterno. La peor forma de hacer pasar el tiempo es esperando en incertidumbre. Mi forma favorita es en cualquier cosa que me haga olvidar que, cuando no lo mido yo, me mide a mí. Y que me voy a terminar.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

*

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.