El partido de Foot está cerrado y tengo gente en casa. Mi equipo apenas gana y no hay forma que se separen del otro. No tengo ni ganas de comer. Esto es un sufrimiento. Como si yo fuera la dueña de algo allí. Es ridículo. Pero igual nos emocionamos. Los deportes nos suplen esa necesidad de conquista, de sangre, de violencia.
En mi caso particular, supongo que me gusta la sensación de preocuparme por algo que no puedo controlar. Aunque me enoje si no ganan y no gane nada si ganan.
Quiero que ganen. Ya no falta mucho.
