Y aquí vamos de nuevo

Cada cierto tiempo escribo lo mismo: tengo examen de karate y estoy nerviosa. Nada, pero nada cambia, no importa cuántas veces lo repita. Es porque me importa. Demasiado. Es algo que me gusta hacer, a lo que le dedico mucho tiempo, que demanda todo lo que puedo darle a algo físico. Tengo compañeros de mucho mayor rango a quienes les debo hacerlo bien porque me ponen atención y me dedican su tiempo para ayudarme. Es importante. Y por eso me pongo nerviosa.

Las cosas que nos importan nos preocupan. Les ponemos más atención y queremos que salgan mejor que bien. Y muchas veces esa misma presión nos hace no hacerlas tan bien. Es como si el quitarle presión a las cosas permitiera que fluyeran mejor. Tna. Todo es así. Sin presión las cosas pasan fácil, sin tensión, como un trago de agua fresca por la garganta. Las relaciones sobre las que no ponemos expectativas asfixiantes nos llenan de una manera más natural, la ropa en la que nos sentimos cómodos nos sienta mejor, las conversaciones sin conflicto son las que duran horas hasta el día siguiente.

La importancia es un arma de doble filo. Debería poder confiar que le he puesto tanto empeño que no necesito preocuparme. Que ya hice todo lo que tenía que hacer para estar preparada hoy.

Así voy a tratar de hacerlo, pero no me puedo asegurar que no me vayan a temblar las piernas estando allí. Y todo va a estar bien.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

*

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.