Porque me gusta

Muchas veces me tengo que morder la lengua de las fachas en las que salen mis hijos de la casa. Al niño le ha dado por ponerse shorts todos los días que puede, la niña combina ciertos colores no encontrados en la naturaleza y a mí me dan ganas de ponerlos como si salieran de la página de una revista. Y no. No siempre se puede. Tienen que poder expresar su gusto, que aún no tienen definido, de alguna forma.

En los últimos dos días, he contestado «porque me gusta» a dos preguntas y la respuesta suena insolente, pero es totalmente válida. ¿Cuántas veces nos da pena decir que hacemos, compramos, llevamos algo, por el simple placer?

Haciendo una pequeña lista, uso negro casi siempre porque me gusta, me dejo moretear en el karate porque me gusta, escribo porque me gusta. Las respuestas simples son igual de satisfactorias que las elaboradísimas.

Hoy martes me tatué mi sol, con nubes enfrente. Porque lo vi así en una foto y esa quería. Estoy segura que si escarbo en mi psique, sale una disertación doctoral de por qué esa foto. Pero no quiero hacerlo. La foto estaba linda. Mi tatuaje también. Y mi ropa negra también.

Qué rico poder hacer algo sólo por el puro placer.

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