Leo a Stephen King y sus comentarios, consejos y anécdotas acerca de escribir. Dice que uno tiene que pasar aproximadamente cuatro horas al día haciéndolo. Me duele la cabeza y apenas llegué a una. Supongo que se cuestión de agarrar aire, como cuando me costaban las primeras tres vueltas en la piscina. Que, a propósito, no he nadado. Ush. Demasiadas cosas que debo hacer y que no hago.
Independientemente del tiempo invertido, que es importante, tal vez lo que más me resuena es la explicación del famoso consejo acerca de escribir: «Escribe lo que conoces». King argumenta que, si sólo siguiéramos ese consejo, jamás escribiríamos ciencia ficción. Él (King), aclara que es mejor decir: «Escribe la verdad».
Como si fuera un faro en un puerto al que uno se acerca y nunca llega. La verdad nos guía, nos ilumina, nos persigue. Vivimos envueltos en verdades absolutas, que sólo valen para nosotros. Metidos en una realidad que es relativa y que cambia para todos. Tal vez lo real sólo sea esa aproximación de verdades que tenemos que lograr para vivir todos juntos.
Lo cierto, es que escribir es tratar de sacar esa verdad. Lo mismo con cualquier otra manifestación del interior. Es nuestra necesidad de compartir ese mundo que sólo existe en nuestras mentes y que es más real que lo que vivimos afuera, porque tenemos más capacidad para imaginar que para percibir.
Así que, para mi estudio (en el que no logro escribir más de cuarenta minutos seguidos, #EpicFail), quiero un rótulo que diga: «Escribe la verdad, no la realidad.»
