Hoy hay juego

Me paso desde febrero a septiembre sintiendo que me hace falta algo los domingos. El foot. Que me encanta. Es mi deporte favorito y, menos mal, el de casi el resto de la casa. Mi equipo ha ganado tantos Super Bowls, que ya todo el mundo los odia, salvo los que los amamos.

Hay una tendencia tan extraña entre los humanos de considerar que alguien ya «tuvo demasiado éxito». Como si la medida del mismo fuera limitada y, porque uno tiene, todos los demás no. Una competencia que se lleva adentro. No sé si es mezcla de envidia y mediocridad, o falta de seguridad en uno mismo. Lo sacamos muy obvia e inútilmente en los deportes «es que ya ganaron demasiado», en situaciones sociales como «es demasiado bonita», en realidades económicas como «tiene demasiado dinero».

La palabra «demasiado» siempre es negativa y es un poco contradictorio asociarla con algo bueno, como el éxito. ¿Por qué habría de ser alguna vez malo ser bueno? Sobre todo si nunca se pasó encima de alguien más en el proceso.

Conozco muchas personas admirables, con un éxito rotundo, a los que sólo les deseo que sigan siendo buenos en lo que hacen. Porque yo quisiera ser y hacer lo mismo. Y eso nunca es demasiado. Pero perdieron.

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