El mismo libro no es igual

En un momento me quedé sin libros de papel. He leído muchísimo, pero no en físico. Ahora resulta que quiero mis libros favoritos en papel. En buenas ediciones. De estas grandes y pesadas que hay que acostar para que no se dañen. Entre ellos, el primero en mi lista es El Conde de Montecristo. Dumas es un genio en la maduración de sus personajes y la reinvención de Edmundo Dantés al mítico Conde es del todo maravillosa.

Los libros nos cambian. Imposible meterse una historia en la mente sin hacerla propia. Es como un pequeño laboratorio en el que perfectamente podemos ingresar ciertas condiciones y obtener un resultado. De alguna forma, consideramos si lo que hacen los personajes es lo que haríamos y eso también nos deja ir más allá de lo propio, lo inmediato.

Pero nunca volvemos a leer un libro igual. Porque esos mismos cambios nos hacen ver cosas que antes no considerábamos. La vida nos forma a dejar atrás ilusiones de relaciones absolutas. Aprendemos a amar con paciencia y aceptación.

Nos encontramos y nos volvemos a encontrar cuando releemos libros. Casi como si pudiéramos comparar dos fotografías de nuestro interior a través del tiempo.

Edmundo y su venganza, tal vez no me parezcan tan heróicas ahora. Puede ser que mire a un hombre triste y solo, con un vacío que pretende llenar de odio. O no. Yo no soy igual, él sí. Ya veremos.

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