Tres opciones

Conocer gente nueva es una buena oportunidad para volver a concerse uno mismo. Hace unos día fui a una fiesta en donde estuve con amigos de redes. O sea, gente con la que «platico» en Tuiter casi todos los días, pero que miro tal vez una vez al año. Y fue fantástico. Poder escuchar qué pasa en sus vidas más allá de lo que postean, reafirma la leve impresión que dejan sus 140 caracteres: son personas interesantes, simpáticas y divertidas.

Pero eso no me sorprendió. Lo que saqué de cosa nueva fue el haber salido de mi zona de confort usual y lograr pasármela tan bien. Yo siempre he dicho que soy alguien con quien es muy difícil convivir. Algo así como una ducha fría: o me aman o me odian, siendo los más los segundos.

Los extraños, como los espejos, nos reflejan lo que estamos proyectando. Ante esa imagen, tenemos tres formas de afrontar la realidad que vemos. 1. Quitamos el espejo para no volver a vernos. 2. Aceptamos con resignación la imagen y decimos que somos así. 3. Agradecemos lo que nos gusta y trabajamos por cambiar lo que no.

Si, consistentemente, caemos como patada entre los ojos, tal vez no sea el mundo el que sea tan injusto. Y, aunque no va a cambiar uno para caerle bien a todo el mundo con el que se topa, sí podríamos mejorar lo que no nos gusta a nosotros.

Yo me la pasé feliz. Todos me parecieron encantadores. Y salí satisfecha. Ahora, de regreso a cambiar la montaña de cosas que no me gustaron.

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