Acompañar

Mi famosa y muy querida tía padece de migrañas. Y dolores de cuello. Y de cintura. Y se enferma seguido del estómago. Todo lo cual tiene como consecuencia que está más dopada que el equipo de atletismo ruso. Queriendo ayudarla a dejar de tomar tantos fármacos, le conseguí medicina alternativa. Nos fue fatal. Principalmente porque la señora no dejó de tomarse la otra medicina, sino que agregó la nueva.

Ayudar es a veces tarea complicada. Uno no sabe si va a aliviar una necesidad. Si lo está haciendo bien. Si no va a ser peor el remedio. Se vuelve aún más complicado cuando lo que se necesita es apoyo emocional. Lo material es tanto más fácil de medir.

Remendar una rodilla raspada es cuestión de tener una curita a la mano. Un corazón roto no tiene válvula de acceso para echarle mertiolate.

A mí me gusta tomar acciones ante una necesidad. Me quedo ansiosa ante una lágrima. Pasan mil palabras con soluciones por mi mente. Pero he aprendido a quedarme callada. Por mucho que me cueste aceptarlo, no hay algo que pueda hacer, pero sí puedo estar.

El problema con mi tía es que no tiene supervisión. No se trata de conseguirle más o mejores medicinas. Y tampoco voy a llegar yo a cambiarle hábitos a estas alturas del partido. Pero sí puedo seguir preocupándome por ella.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

*

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.