Si me quieren poner feliz, sólo me tienen que pedir que planifique algo. Desde una vacación, hasta una fiesta, el hecho de sentar a imaginarme cómo va a ser y qué tengo que hacer, es la mitad del placer de la cosa en sí misma.
la vida no se puede planificar igual. Me cuesta un mundo ese bendito ejercicio de «¿cómo se mira en 5/10/15 años?» No sé. Porque no he estado allí. Lo que sí sé es con quiénes quiero estar: mis amigos, mis hijos, mi marido. ¿Qué vamos a estar haciendo y en dónde vamos a estar? Supongo que lo mismo de forma distinta y en el mismo lugar. No me molesta en absoluto seguir estando involucrada en la vida de los niños, el escribir, el hacer karate. Mi vida me encanta y, yo que ya probé otra, no la cambiaría.
Ahora, obvio no tengo certeza de lo que puede venir. Nadie la tiene. Pero eso nos permite dos cosas: 1. estar abiertos a cualquier posibilidad; 2. plantearnos qué no queremos que cambie.
Examinar los hábitos, las cosas que nos dan satisfacción y las persona con las que compartimos tiempo y ver si queremos lo mismo de aquí a 20 años, creo que es más importante que el hecho de podernos «proyectar» hacia el futuro. Porque a mí no me sirve de nada pensar que voy a estar estudiando historia del arte en Florencia (que me encantaría), si eso significa no estar con mi mara. Suficiente se me rompió el corazón una vez.
Así que yo hago planes de eventos concretos. Si necesitan que les arme un viaje con itinerarios, mapas y hasta reservaciones de comidas, con gusto. Pero para mi futuro, lo único que puedo decir es que quiero seguir como soy.
