Porque no

A veces las razones que tengo para no dar permisos en mi casa son demasiado complejas como para ponerme a explicarlas y recurro al viejo y conocido «porque no» que tanto detestaba de adolescente. Y es que hay cosas hasta intuitivas que uno no puede describir adecuadamente y que, aunque pudiera, alguien que no tiene la experiencia de vida de uno (o sea, que no está igual de viejo), no entendería igual. El mundo es bueno y malo y tiene muchos riesgos a los que está bueno exponer a los hijos, pero no de uno solo.

La crianza de los hijos ha cambiado muchísimo entre unas pocas generaciones con consecuencias no anticipadas. Cosas contradictorias como que ahora están más expuestos al mundo de adultos y tienen a su alcance tecnología que antes estaba reservada para otros; y por el otro lado, un alargamiento de la adolescencia y falta de toma de responsabilidades hasta edades avanzadas. Es una mezcla entre crecer muy rápido y no crecer nunca. Y allí va uno, navegando ese mar de incertidumbre y de cambios y de alcanzarlos para lo tecnológico mientras los retiene para lo real.

Me cuesta. En serio que no siempre tengo la gana de explicarles y convencerlos. O el tiempo, porque quieren una respuesta ya. Así que, de vez en cuando, sale el «porque no» y que se enojen. Ya entenderán ellos cuando les toque.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

*

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.