Estoy leyendo un libro traducido del ruso al español y, aunque la lectura está fluida, siempre me imagino cuántas sutilezas fueron dejadas en el camino del cambio de idioma. Hay precisiones y cadencias e intenciones que tiene cada idioma, que hace imposible una traducción completamente fiel y sólo queda interpretar, con todos los sesgos que eso implica.
Igual pasa para entender por completo a otras personas. Llenamos las palabras de nuestros significados particulares, con todos los recuerdo, emociones y vivencias que asociamos con las mismas. Es imposible que alguien nos acompañe del todo en ese camino que hemos recorrido para llegar a donde estamos y desde donde nos queremos explicar. Pero lo lindo es que cada uno hacemos lo que podemos (cuando queremos) y, a veces en esa interpretación, encontramos de nosotros mismos la respuesta para hacer mejores relaciones.
Las traducciones son imperfectas, pero nos permiten acceder a material que existe en idiomas que no hablamos. Lo mismo la empatía y la escucha atenta y la buena voluntad de acercarnos, aunque no entendamos del todo. Y eso es lo que nos expande el mundo.
