No hay espejo que me enseñe cuál versión existe hoy de mí.
La que todavía salta como niña y rebosa de energía.
La que siente el peso de la adultez en cada decisión que toma.
La que tiene que hacer personas de dos proyectos infantiles.
La sarcástica detrás de un avatar.
O, la que más me gusta, la que se refleja en tus ojos cuando te cambia la cara y me sonríes.
