Confiar de lejos

Ser desconfiada de las intenciones de todos, me resguarda. Es un colchón cómodo que me pongo alrededor y que me aisla del mundo. No arriesgo y no pierdo. Pero tampoco gano. Ver el mundo con lentes de sospecha, me hace tener sólo un color.

«Piensa mal y acertarás», tal vez, sea de las frases que más nos alejan de otros seres humanos. Sin confianza no podemos ni comprar un tomate, quién sabe qué tengan. Ni hablar de tener una relación sana con alguien. ¿Cómo avanzar en un camino de vida juntos, si uno está esperando que le metan zancadilla?

El otro lado de la moneda, por supuesto, es creerse todo lo que le dicen y andar poniendo la carita para que le peguen a uno. Así termina uno como colador.

Estar dispuesto a confiar en la gente, pero no irse de boca, allí está el balance. Es saber que la gente no tiene que llenar mis expectativas, que todos son capaces de cosas buenas, que a todo el mundo hay que encontrarle el lado amable. Y, mientras se tiene esa actitud, uno no se enamora del primer tipo que le chulea a uno los ojos. Ni se hace mejor amigo del primero que le da follow en Tuiter. El famoso término medio. Poder ver que en la vida hay más que sólo blanco y negro.

Porque no quiero ser una estatua, pero tampoco quiero que me arrastren.

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