Creo que las salas de espera son una forma de tortura. El limbo entre una acción y otra que hace que el tiempo sea elástico y se expanda sin fin. Igual es estar entre una decisión y otra. Los peores momentos en un relación son cuando uno no sabe dónde está parado.
Estamos hechos para tener pausas, pero no necesariamente incertidumbres. Tener un dolor sin diagnóstico es casi peor que la peor de las enfermedades. Dentro de ese agujero caben la duda, el miedo y la esperanza todos juntos y no se siente bien la mezcla.
Me gusta saber en dónde estoy parada. Aunque sea para salir de allí. Y prefiero no ir al doctor a esperar.
