Mañana tengo clase temprano, voy a nadar, tengo que ir al banco. El fin de semana tenemos mañana deportiva. La semana pasada hice las sillas de los niños. Dentro de cuatro semanas es mi aniversario. El otro año toca preparar Primera Comunión. Ayer no fui amable con mi marido. El sábado tengo una cena…
No sé qué estoy haciendo hoy. Ahora. Pienso más en lo que hice y voy a hacer, que en lo que estoy haciendo.
Cuando uno medita, lo primero que toca hacer es concentrarse en el momento. Los pensamientos que interrumpen se contemplan y se dejan ir. Es como poner al hámster que da vueltas en el cerebro, a hacer una siesta. Cada vez que quiero hacer una siesta, se me llena la mente de preocupaciones. ¡Bienvenida la neurosis!
Como humanos, pareciera que estamos programados a ignorar lo que nos rodea, por pensar en lo que se nos viene. Y no está del todo mal. De alguna manera, la madurez emocional también está ligada a proyectarse hacia el futuro, a poder tener recompensas diferidas. Pero, mientras estamos traumados por nuestro pasado y preocupados por nuestro futuro, no vemos lo que tenemos en el momento.
Ahorita estoy viendo la clase de karate de los niños. Me estoy divirtiendo. Estoy fijándome en el ahora. Y tengo pensado qué voy a escribir.
