El peso que hala

Mañana voy a hablar con la maestra del grande. Me mandó a llamar y no tengo ni idea por qué. Y eso pesa en mi mente. ¿Será algo grave? ¿Qué hizo el niño? ¿Qué hice yo? ¿Qué dejé de hacer? Y así, mis pensamientos rodean el tema como el viento de un remolino alrededor de su centro.

En el universo, las cosas que tienen más masa son las que tienen más gravedad. Como que se pusieran esferas en una tela y cada una hiciera una depresión acorde al peso. Así, lo más denso es lo que más cosas atrae. Un «hoyo negro» no es más que una acumulación masiva de materia, en un punto tan condensado, que atrae hasta la luz y no la deja salir de allí.

Tal vez es por lo mismo que les asignamos categorías tipo boxeo a lo que ocupa nuestra mente: los pensamientos livianos, ligeros, que nos alegran el día y se van con la brisa de la tarde. Los pesados que nos apachan hasta la columna y nos hacen caminar encorvados. Y pareciera que, mientras peores, más nos halan, hasta que no nos dejan salir de allí.

En realidad, nosotros mismos le damos la calificación a lo que nos preocupa y así también nos corresponde salirnos del hoyo en el que nos metimos. Sí, me saca de mi estabilidad que el niño haya hecho algo que amerite que yo tenga que ir a hablar con la maestra. Pero ni sé qué es lo que me van a decir. Bien puedo dejar esa maleta pesada a un lado hoy y tal vez, mañana cuando la abra, me dé cuenta que está vacía y que no valía la pena tanto esfuerzo. Tal vez.

Pensamientos a medias

Mi mente tiene ideas que a veces me cuesta poner en palabras. Como si pensara en colores que no existen y tengo que usar aproximaciones. Paso varios días con el bosquejo de un post dándome vueltas entre las orejas y, cuando me siento a escribirlo, no me sale y tengo que dejarlo para otra ocasión. Es un problema, porque tengo que aprender a comunicarme y, si no puedo sacar lo que tengo en el cerebro, no hay forma.

Hay muchas maneras de desarrollar una idea: escribirla, hacer una lista, hablar con otras personas. Cada uno tenemos preferencias de procesamiento de información y toma de decisiones y es muy importante conocernos lo suficiente como para saber cuáles son las nuestras. En lo personal, a mí me sirve hablar las cosas con alguien para que esas imágenes a medias se terminen de rellenar hasta volverse entes más sólidos.

Pero no sólo debemos saber cómo operamos nosotros. También es bueno conocer y respetar los procesos de los demás. No porque alguien necesite pensar más las cosas en silencio y soledad para poder opinar, quiere decir que no entienda la pregunta en el momento. Ni tampoco la persona que describe lo que le atraviesa por la mente es una cotorra sin control ni inteligencia.

A falta de personas físicamente presentes para pelotear ideas, también me sirven las palabras en la pantalla. A veces. Otras, como hoy, me siento a escribir de una cosa y termino hablando de otra completamente diferente. Espero que mañana sí me salga la que quería.