Yo sí supe
cuando fue la última vez
que me diste la mano
compartiste mi cama
me dijiste que me amabas
tenían sabor a frío
a puente sin orilla
a triste.
Yo sí supe
cuando fue la última vez
que me diste la mano
compartiste mi cama
me dijiste que me amabas
tenían sabor a frío
a puente sin orilla
a triste.
Bueno Mama. Ya pasó otro año. ¿Qué te puedo contar que no sepas ya, si cada cosa que me pasa te pienso todavía?
El Canche está gigantesco, divertido, interesado por la vida. Este año le puso más atención al colegio porque se quiere ir a estudiar fuera y yo lo apoyo totalmente aunque se me parta el corazón de sólo pensarlo. Esa metamorfosis a hombre es casi un acto de magia. Las partes suaves se convierten en gentileza y las débiles en firmeza. Lo veo y me admiro cómo he criado a alguien tan ferozmente independiente, que es empático y cariñoso. Un chico serio y molestón. Un hijo que me empuja a ser una mamá que pone límites pero que puede hacerlo sin enojos. Hablar con él de todo y de nada se ha vuelto una de mis cosas favoritas. Y tiene novia. La primera que se lo tiene de la nariz y es lindo verlo ser tan gentil con ella. Sería tu chofer más atento.
Uy la Nena. ¿Viste que nos fuimos de viaje en junio en celebración de sus 15? Buena experiencia para conocerla bien. Increíble que paso tanto con ella pero fue hasta allí donde la entendí mejor. A principios de año le cambiamos el sistema y está mejor controlada, con más libertad y, obviamente, más contenta. Hemos tenido unas conversaciones serias y profundas de su vida que me dejan tranquila sabiendo su capacidad de razonar y tomar decisiones que le favorezcan. Está más bonita… No se viste ni cerca de como te gustaría y me alegro que tenga su propio estilo. No le ha agarrado el modo al colegio, pero creo que es más rebeldía que otra cosa. Espero que ya esté más convencida de lo que le conviene. Sería tu mejor alumna para bordar.
Yo estoy bien. Me siento mucho más joven de lo que me miro, el cuerpo ya comienza a delatarme. Pero logré muchas cosas geniales este año, mi tercer dan una de ellas. Sigo haciendo karate aunque, según tú, eso no sea de niñas y me lo gozo. Sigo en la radio, que es un trabajo complicado y demandante, ya podríamos hablar de política. Aunque no sucediera algo cataclísmico, los cambios que se han dado se fueron acumulando y hoy sí los siento. ¿Cómo llega uno a envejecer sin resentirlo?
Se viene un año de renovación. Tal vez un trabajo interesante. Graduación. 50 años… Suena que va a estar movido.
Como siempre, te extraño.
¡Feliz cumpleaños!!
Uno aprecia su rutina (si es buena), justo cuando no la hace. Disfrutamos el no hacerla y luego regresar.
Ahorita me hace falta la mía. Pero me estoy disfrutando descansar.
Me he reído demasiado con mis hijos los últimos días. Valieron la pena los años de límites y correcciones. Porque lo duro se los di también con amor.
Todo lo que vale la pena tiene momentos difíciles y aburridos. Cualquier cosa que entrenemos requiere repetición, corrección y perseverancia. Ninguna de esas tres palabras son parte de una fiesta desenfrenada. Y son lo más importante, más aún que el talento, la aptitud y el gusto. Uno hace y vuelve a hacer el ejercicio aunque ya esté harto. Y vuelve a aprenderlo a hacer para no tener defectos. Es lo que hay.
Lo mismo con los hijos. Las lecciones se vuelven a enseñar y las relaciones se vuelven a configurar. El trabajo de pastoreo es inagotable. Pero vale la pena.
No tengo ganas de escribir
ya todo está dicho
lo que queda quema
y quiero que crezca la grama después.
Cuando me enfermaba del estómago, mi mamá me hacía atol de maicena. Cosa más desagradable. Pero me caía bien. Debo admitir que en medio del asunto, no me sabía tan mal. Ahora se lo hago a mis hijos. O pan con mantequilla.
Cada casa tiene su forma particular de arreglar enfermedades. Vicks, atoles, aspirinas… Y todas funcionan a su manera. Porque la mayoría de males menores se arreglan solos y lo que cuenta es el cariñito con que se atienden.
Yo ya no me hago atol. Pero sí huevitos tibios. Y pan con mantequilla.
Me pasa que siempre quiero saber por qué. Tal vez creo que puedo solucionar todo.
A veces no importa. Simplemente porque no tiene remedio.
Así que, en vez de preguntar por qué, mejor pregunto qué viene después.
Se arruinó la lavadora. Es una inconveniencia gigantesca (iba a decir tragedia, pero tampoco es para tanto) y, para mientras que la reparan, estoy haciendo lo que puedo con lo que tengo. No es lo ideal, pero sirve.
Hay un problema fundamental cuando uno soluciona cualquier cosa de forma eficaz, aunque no ideal: generalmente las cosas se quedan en esa medio existencia sostenida hasta que verdaderamente se desbaratan. Y no es lo mejor llegar a eso. Lo mejor es encontrar la solución permanente, implementarla, aunque en medio uno pueda espantárselas. Es un poco estar menos cómodo en lo averiado.
Mañana me dicen si tiene reparación el aparato. O si necesito uno nuevo. Porque, así como estoy, no lo sostengo mucho tiempo. Podría… pero no quiero.
Mis hijos son todo lo independiente que pueden ser adolescentes a quienes se les mantiene, lava la ropa y cocina en una casa. No es que puedan salir a la calle y ganarse su sustento, pero toman decisiones por sí mismos y se cocinan lo que encuentran en la refri. Digamos que, por el momento, no lo hacen mal. Tampoco están pegados conmigo para todo. Aunque eso a veces me da un poco de tristeza porque recuerdo a mis bodoques conmigo todo el tiempo, entiendo que es lo que debe suceder.
Uno de papá tiene el encargo más complicado del mundo: criar, cuidar, proteger, educar, estar, para personas a las que uno está preparando para estar solas en el mundo. Y es súper difícil esa mezcla de dejarlos hacer sus cosas y querer que nunca se lastimen. Imposible. Lo segundo. Porque la vida siempre tiene espinas y quitárselas para que agarren sólo las flores es un trabajo inútil. La siguiente vez el pinchazo va a ser aún mayor, con peores consecuencias.
Estoy viendo una serie que comencé a ver con el Canche y luego con la Nena y ahora sola, porque los dos ya la vieron por su lado. Me gustaría que me acompañaran. Pero no me molesta que podamos hacerlo cada uno solo y luego hablar. Seguramente he metido espantosamente las patas en su crianza. Menos mal para eso están los psicólogos. Pero también lo he hecho con el mayor de los amores, dedicación y auto disciplina para no pegarme demasiado a ellos. El mejor de los trabajos.
Cada vez que fui otra
cuando estaba contigo
murió la que estaba antes
y ahora que te vas
muere ésta también.